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viernes, 3 de octubre de 2008

Formación de rebeldes

Adoctrinamiento educativo

"Estos jóvenes se creen investidos de derechos que la sociedad les debe garantizar conforme a sus méritos intrínsecos, sin necesidad de más demostración. Se les ha dicho que deben ser rebeldes y se han creído que lo son."

José María Marco
En el Madrid rojo de julio de 1936, Castillejo, sucesor de Giner de los Ríos y jefe por entonces de la Institución Libre de Enseñanza, fue agredido y amenazado por un energúmeno, de esos que la historiografía oficial llama defensores de la legalidad republicana. Dicho defensor de la legalidad republicana había estudiado en la Institución Libre de Enseñanza y había sido por tanto alumno de los profesores escogidos por el propio Castillejo.

Giner presumía de formar a sus alumnos en la exigencia moral y la pulcritud estética. Todo debía estar inmaculadamente limpio en la Institución. La vulgaridad y el tabaco estaban desterrados de aquel recinto impoluto. Ha cundido la leyenda de que allí se estaba formando una minoría como no había existido nunca en España, una elite capaz de liderar una sociedad desnortada. En realidad, la Institución Libre de Enseñanza estaba formando algo más que una elite. Estaba formando una vanguardia, con conciencia de serlo, encargada de cambiar radicalmente un país con el que los creadores de la Institución no se sentían identificados.

¿Cómo lo hizo? En buena medida, creando un nuevo sistema de enseñanza que acababa con los exámenes, desterraba los libros de texto y unificaba los dos ciclos educativos de primaria y secundaria. El proyecto pedagógico facilitaba otro. Los alumnos eran educados en un ideario radical en las actitudes y la ideología. Allí se había superado la fase arcaica y un poco primitiva de las "religiones positivas" (léase el cristianismo). Más aún, aquello era un experimento destinado a demostrar que los seres humanos podían vivir e incluso ser felices sin los anclajes antiguos de la patria, la religión, la propia cultura. Como horizonte estaba la idea masónica, krausista y en el fondo también socialista, de crear una Humanidad nueva, emancipada por fin de sus antiguos prejuicios.

Lo que empezó como un experimento ultraminoritario se ha convertido, con el tiempo, en el proyecto educativo público en España. Claro que no se puede pasar de un colegio exquisito a la educación de masas sin que intervenga algún cambio por el camino. Uno de ellos es la calidad de la propia enseñanza. La ausencia de libros de textos, de programas y de exámenes ha acabado en lo que hoy sabemos que es el sistema educativo español. Uno de los peores del mundo desarrollado, con tasas de fracaso escolar del 30 por ciento y un asombroso nivel de incompetencia en la formación. Eso sí, a estas generaciones de semi analfabetos, destinados a engrosar una mano de obra barata y precarizada, se les ha formado en una ideología de los derechos, reforzada últimamente con la Educación para la Ciudadanía. Lo que se desploma en calidad se gana en radicalismo ideológico. Estos jóvenes se creen investidos de derechos que la sociedad les debe garantizar conforme a sus méritos intrínsecos, sin necesidad de más demostración. Se les ha dicho que deben ser rebeldes y se han creído que lo son. La vanguardia revolucionaria de hoy en día está en su mayoría compuesta por una población destinada a trabajar muchos años sirviendo hamburguesas, eso en el mejor de los casos. Situación falsa que explica muchas de las cosas que estos jóvenes aceptan sin rechistar, ya sea la manipulación informativa, la censura, el recurso a la violencia e incluso el terrorismo, que no todos condenan.

Del antiguo ideal han variado más cosas. Entre ellas, la estética. En su momento ultra exquisita, un canto onanista a la pulcritud sin mácula, ahora se ha convertido en el todo vale propio del socialismo libertario. Y otro cambio es la vuelta atrás en el tiempo. La Alianza para la Humanidad, la Armonía de las esferas, se compaginan en su versión castiza con la imposición de identidades nacionales mediante un auténtico lavado de cerebro perpetrado en la escuela. Del universalismo absoluto hemos pasado a reinventar tribulandia como la máxima novedad. Las taifas y el caciquismo son su reflejo institucional y político. ¿Y qué decir del amigo islamista?...

ATC Journal. ¡Llevamos la información!

martes, 23 de septiembre de 2008

El PP mantuvo y mantiene la LOGSE

Aguirre y la educación

"Fuera de Madrid, el PP se está convirtiendo en una especie de regionalismo conservador sin la menor intención de dar la batalla de las ideas allí donde más importa: en la educación, en la política lingüística y en la cultura."

Álvaro Vermoet Hidalgo

Hacía tiempo que tenía pensado escribir sobre las enormes posibilidades legales que tienen las comunidades autónomas para acabar con la comprensividad –que consiste en enseñar lo mismo a todos los alumnos, en los mismos centros y con los mismos profesores–, ya sea a través de las competencias de "experimentación pedagógica", mediante la organización de itinerarios con las optativas de la Secundaria o con la especialización de los institutos. Llevo proponiéndolo en Madrid desde que soy consejero de su Consejo Escolar. Y lo que me decide a escribir hoy sobre el tema es el siguiente titular del diario Magisterio sobre una iniciativa de la Comunidad de Madrid que ha pasado inadvertida: "Se crea una red de institutos especializados; los centros ofrecerán optativas relacionadas con su especialidad".
Leída la noticia, coincide por lo general con el plan de especialización de los institutos que venía reclamando la Unión Democrática de Estudiantes y del que infinitos teletipos y recortes de prensa son testigos. Se trata de especializar institutos para acabar con la comprensividad en la Secundaria, es decir, que haya una opción más o menos técnica dentro de la ESO que reduzca el fracaso escolar y les sirva para algo a esos chicos que luego no siguen estudiando y que tal vez ahora lo hagan.
No sólo las autonomías tienen un margen muy amplio, puesto que la LOE sólo se diferencia de la LOGSE en la nueva asignatura y en desmantelar lo poco que quedaba del Estado en materia educativa, sino que además existe una competencia en "experimentación pedagógica" que permite desarrollar programas de innovación más o menos fuera de la Ley, y que por algún motivo parece reservada a la izquierda y a los nacionalistas, que fueron los primeros en utilizarla en Cataluña aplicando la LOGSE antes de que se aprobara.
Veamos un ejemplo. La LOE no permite a las comunidades autónomas crear itinerarios desde los 14 años que mitiguen el efecto negativo de una enseñanza obligatoria hasta los 16, como recogía la Ley de Calidad del Gobierno de Aznar. Pero sí les permite, explícitamente, crearlos en 4º de la ESO para organizar el lío de las asignaturas optativas creado por el PSOE. Y nada les prohíbe crear institutos que den sólo el Bachillerato de Artes, con la vía de Artes en la ESO, o institutos que sólo den Formación Profesional y la ESO, ofreciendo un itinerario con las optativas técnicas de 4º de ESO y creando, de hecho, centros especializados que permitan diversificar la Educación Secundaria mucho antes de los 16 años.
Explicado que las comunidades autónomas tienen competencias más que de sobra para al menos corregir lo más pernicioso de la LOGSE, la uniformidad de la educación obligatoria hasta los 16 años, queda analizar por qué no se ha hecho hasta ahora. Por qué sólo es Madrid, por qué sólo es, una vez más, Esperanza Aguirre quien crea una alternativa a la izquierda, como viene haciendo con los exámenes en Primaria y Secundaria, con los centros bilingües, con la objeción de conciencia, con el cheque escolar en la educación infantil y con el proyecto de colegios prioritarios. Esperanza Aguirre viene, además, muy a cuento, porque los complejos de las taifas gobernadas por una derecha cada vez más regionalista en materia educativa vienen precisamente de su etapa de ministra.
Como ministra, Aguirre inició la creación de una verdadera alternativa liberal y nacional para el sistema educativo español, ya que antes el PP se limitaba a hablar de la libertad de elección sin concretar nada. Fue la época del decreto de libertad de elección de centro, con aquellos debates parlamentarios en los que se citaba a Milton Friedman, de la Reforma de las Humanidades, de la defensa del derecho de los castellanohablantes a estudiar en su lengua materna en Cataluña, de la liberalización de los libros de texto, etc.
Uno de los proyectos estrella, el que pretendía garantizar unos contenidos comunes de Historia y de Literatura en toda España, no salió adelante gracias a la pinza antinacional de Pujol con el PSOE, que rompió así su pacto de Estado con el PP en materia de enseñanza. Es cierto que, cuando Pilar del Castillo dio forma a todas esas ideas a través de tres Leyes Orgánicas y a través de unos planes de estudio nuevos, el PP logró por fin tener bien diseñada y lista para implantarla toda una alternativa al socialismo: en la educación básica, en la FP y en las universidades, incluyendo además los contenidos educativos. Alternativa que, por cierto, Rajoy ha dejado en el olvido, haciendo retroceder diez años a su partido en este tema.
Pero hay que recordar que desde que fracasa la Reforma de las Humanidades de Aguirre hasta que Pilar del Castillo aprueba los planes de estudio comunes, mediaron unos cuantos años en los que las autonomías del PP ya tenían competencias en educación, descentralizadas con Rajoy de ministro. Pudieron perfectamente haber aprobado unos planes de estudio en común. No lo hicieron. Y siguen sin hacerlo ahora; diez años después, siguen sin utilizar sus amplias competencias para salir del modelo comprensivo.
Fue Aguirre quien, desde la Comunidad de Madrid, dio la batalla por salvar la Ley de Calidad, quien se opuso a los contenidos ideológicos de Ciudadanía y quien empieza ahora a desmantelar la LOGSE, aprovechando la balcanización zapaterina del sistema educativo español, ante el estupor de sus "homólogos autonómicos". Por eso los liberales la vemos como alternativa a Zapatero, porque Rajoy, en este debate, está ausente. En el resto de las autonomías, el PP se está convirtiendo en una especie de regionalismo conservador sin la menor intención de dar la batalla de las ideas allí donde más importa: en la educación, en la política lingüística y en la cultura.
Álvaro Vermoet Hidalgo es presidente de la Unión Democrática de Estudiantes, miembro del Claustro de la Universidad Autónoma de Madrid, consejero del Consejo Escolar del Estado y autor del blog Cien Mil Objeciones.
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